EL
PERFIL DEL EMPRESARIO MEXICANO ANTE LOS RETOS DE LA GLOBALIZACION
· Arraigados conceptos tradicionales.
· Esfuerzos enfocados al producto, no al cliente.
· Desesperada búsqueda de ejecutivos con visión
globalizadora.
En este principio del nuevo siglo, ya no se trata sólo de "modernizarse
o morir", la realidad es que muchas empresas mexicanas están
haciendo lo mejor que pueden para modernizarse, pero se están
muriendo, y probablemente no sobrevivan a su propia modernización.
Entendieron demasiado tarde que las reglas del juego de la economía
mundial estaban cambiando. Ahora se hacen intentos desesperados
por introducir nuevas tecnologías y por mejorar la calidad de
los productos o de los servicios, pero aún con estos factores
a favor, todavía hace falta una mentalidad más visionaria entre
los altos directivos y sus ejecutivos, una visión globalizadora,
que posibilite la penetración en los grandes mercados mundiales.
El
fenómeno de la globalización de las economías, y la interdependencia
de los mercados internacionales, han convertido al mundo en
una mesa redonda de negocios, a la cual quieren acceder las
más diversas empresas del planeta. La única manera de lograrlo
es mediante la conformación de un equipo de altos ejecutivos
que entiendan los retos del nuevo milenio, y que tengan una
visión globalizadora de los mercados internacionales. La tecnología
avanza a pasos agigantados. El perfil del empresario está pasando
por un proceso de continua transformación. Las estrategias empresariales
tienen que cambiar rápidamente, de un momento a otro, para adaptarse
a nuevos e inesperados desafíos.
Las
conclusiones anteriores son el producto de un estudio realizado
por la empresa ALSmith, Reclutamiento y Selección de Ejecutivos,
con sede en la ciudad de Querétaro, dirigida por Ana Luz Smith.
El
caso no es privativo de México, indica el estudio. Esta desesperación
por sobrevivir a la marejada de la globalización, se observa
en toda la América Latina. Sólo Brasil y México han tomado la
delantera en la búsqueda de ejecutivos que entiendan los mecanismos
de la producción y del comercio mundial, y las nuevas y apremiantes
reglas del juego de la economía globalizada.
El
documento hace notar otro fenómeno que se observa, sobre todo
en medianas y pequeñas empresas manufactureras: todavía existe
una marcada cultura enfocada al producto, no al cliente. Apenas
están en la fase en que todos sus esfuerzos se encaminan a cumplir
normas de calidad oficiales, pero no van más allá de la norma.
No entienden que el servicio al cliente es lo primordial en
las nuevas reglas del juego del comercio mundial. Todavía siguen
con el viejo concepto de que "una vez salida la mercancía no
se acepta devolución". Aún están muy lejos de crear una cultura
enfocada al cliente. La empresa tiene que hacer entender a todos
los empleados que deben verse a si mismos como proveedores de
servicio. Se debe adoptar el concepto de que todo negocio es
un negocio de servicio. Que no es la empresa la que garantiza
la seguridad del empleo, sino el cliente.
Originaria
de Washington, D.C., Ana Luz Smith ha vivido en diferentes ciudades
de Estados Unidos, Europa y México, por lo que tiene una visión
globalizadora del mundo, y entiende los retos de los tiempos
actuales, caracterizados por una cerrada competencia en todos
los niveles. Esta visión contextual del mundo la ha llevado
a desarrollar una gran sensibilidad para comprender las necesidades
de dirección empresarial de diversas culturas, y los requerimientos
específicos de una empresa, en cada país, estado o región.
Al
analizar los esfuerzos que se están haciendo en México a fin
de adecuar el perfil de la empresa y del empresario al mundo
globalizado, señala que se tiene la impresión de que "ya se
nos vino todo el universo encima. De pronto nos hemos visto
envueltos en el fenómeno de la globalización y de la interdependencia
de los mercados internacionales. Estamos, además, en medio del
torbellino del comercio electrónico, el famoso E-Commerce, propiciado
por la Internet, todo lo cual ha cambiado radicalmente los conceptos
tradicionales de la empresa".
Indica
que no son pocos los sectores empresariales mexicanos que siguen
pensando que el comercio internacional se reduce al intercambio
de bienes finales. Eso era antes. Pero desde la década de los
70s comenzó a darse un cambio crucial en la forma en que funcionaba
el comercio mundial. Hoy en día, la gran mayoría de las transacciones
comerciales se realizan mediante el intercambio de bienes producidos
en varios países y ensamblados en otro, que a su vez, exportará
el bien final a otras apartadas naciones del planeta. En esto
consiste la llamada globalización del proceso de producción.
Esta surge debido a la planificación de la producción por parte
de las grandes corporaciones multinacionales que producen cada
componente del bien final en el país que mejores condiciones
reúne para su fabricación.
Ya
desde mediados de la década de los 70s, comenzó a tener importancia
esta tendencia a la globalización de la producción, y se ha
generalizado desde entonces, al implantar un nuevo sistema productivo
mundial que constituye la base actual de la economía. Mientras
que en los países más avanzados se puso en marcha, de inmediato,
la adecuación de los modelos empresariales, en México no es
sino hasta la década de los 90s cuando se comienza a observar
una preocupación por los desafíos que presenta el mundo globalizado,
y sólo hasta estos últimos años es cuando se empiezan a tomar
medidas de emergencia, ya no sólo para beneficiarse del cambio,
sino para sobrevivir.
La
década de los 80s, registró una efusiva reestructuración corporativa,
para orientar empresas y a empresarios hacia la nueva realidad
de la globalización. Y es que fue en esa década cuando comenzaron
a darse una serie de fenómenos que cambiarían el rostro de la
economía mundial para siempre: acelerado avance tecnológico,
marejada de fusiones y absorciones, desregulación, feroz competencia
mundial, deseos cambiantes del consumidor, abandono definitivo
de las formas tradicionales de producción, en que una empresa
fabricaba todos los componentes de su producto. Tal era el caso,
por ejemplo, de la industria automotriz, donde cada marca producía
desde la carrocería hasta los asientos pasando por la tapicería
y cableado. Hoy en día, en cambio, las grandes corporaciones
mundiales, producen a escala internacional, venden productos
en todo el mundo, e invierten en muchos países. Se puede decir
que los productos ya no tienen país de origen, sino que pertenecen
a la economía mundial.
¿Cómo nos vamos a adecuar a esta cambiante realidad del comercio
mundial? ¿Qué pasos tienen que darse para la modernización de
la empresa? ¿Cómo crear una cultura con visión globalizadora
en el sector empresarial? Estas y otras preguntas tienen que
plantearse los empresarios mexicanos no sólo para enfrentar
los desafíos del momento, sino para participar en los grandes
mercados mundiales, antes de que la empresa sea devorada por
la competencia.
Basta ver las grandes inversiones que hacen las empresas que
vienen del extranjero tanto en tecnología como en capital humano,
para entender la urgencia de la adecuación de las empresas mexicanas.
En México no tenemos un acceso fácil a la tecnología de punta,
y sobre todo en las medianas y pequeñas empresas , estamos más
acostumbrados a invertir en maquinaria, pero no en capital humano.
Un
primer paso para fortalecer la posición competitiva de la empresa
mexicana, es dotarla con una plantilla de ejecutivos no sólo
audaces y tenaces, sino visionarios. La estrategia de búsqueda,
selección y evaluación, debe realizarse de acuerdo con parámetros
perfectamente definidos, dentro de una metodología específica,
con el fin de garantizar la objetividad en todo caso. Todo esto,
sin perder de vista, en ningún momento, las necesidades específicas
de cada cliente; y siempre tomando en cuenta la situación presente
de la empresa y sus objetivos, señala Ana Luz Smith.
En
estos tiempos en que el aún incierto panorama mundial es motivo
de temor, de angustia y de incertidumbre, entre muchos empresarios,
la búsqueda y selección de ejecutivos de alto nivel, debe tomar
en cuenta un hecho muy importante: el ejecutivo a elegir, además
de las habilidades propias del puesto a cubrir, tiene que demostrar
que es capaz de entregar no sólo su mente sino su corazón a
la empresa. Tiene que saber vivir las pasiones y las emociones
de la empresa. Ver hacia el futuro con una actitud positiva
y valiente, que le permita abrir caminos sin vacilaciones ni
titubeos. Solo así, podremos, como país y como empresarios,
enfrentar los difíciles retos que se avizoran en el futuro inmediato,
concluye Ana Luz Smith.
